Finalizó otro paro agropecuario, el séptimo contra la política agropecuaria del actual gobierno. Un número que habla por sí solo, el conflicto parece no tener fin. Campo y gobierno están cada vez más enfrentados.
En este nuevo paro, se oyeron nuevas voces. Intendentes y fabricantes de maquinaria agrícola se incorporaron a la lucha, participando activamente para buscar una solución al conflicto como parte interesada y afectada. Cuando se afecta al campo, se afecta al interior del país porque están íntimamente relacionados, es inevitable. Hoy las redes de producción y comercialización son muy complejas e interrelacionadas, y no se puede afectar a un sector sin tener consecuencias inmediatas en otro.
Otra consecuencia de la situación actual del campo argentino es el retroceso en cantidad de toneladas de granos de la cosecha 08/09, la menor cantidad de carne exportada, la menor producción de leche y no solo por efecto de la inclemencia climática, sino también por la menor tecnológica aplicada y por el desánimo a la hora de emprender o invertir.
Cada vez hay menos para repartir, hay que entender que la actividad agropecuaria es una actividad de producción primaria, de generación de auténtica riqueza y que necesita reglas de juego claras y de largo plazo. Es el motor que mueve toda la industria agroalimentaria. El efecto de tanta incertidumbre, intervención y pelea es “desensillar hasta que aclare”, nadie compra, nadie gasta más de lo necesario y la torta se achica, perjudicando a todo el país.
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